Adiós a las armas: la experiencia de Martha y Dolores en el ETCR “Agua Bonita”

Martha Lucía Orozco, integrante de la Universidad de Burgos, hace parte del grupo de profesionales que entregará sus conocimientos a los docentes chilenos que viajarán con Master Tour a España.

Adiós a las armas: la experiencia de Martha y Dolores en el ETCR “Agua Bonita”

Martha Lucía Orozco, integrante de la Universidad de Burgos, hace parte del grupo de profesionales que entregará sus conocimientos a los docentes chilenos que viajarán con Master Tour a España.

Por Alfredo Rubio Godoy (Periodista oficina de comunicaciones de la Universidad de la Amazonia/Especial para Master Tour)

A las seis de la mañana, un numeroso grupo de mujeres y hombres se alistan para salir todos juntos a trabajar en proyectos productivos, a enfrentarse con sus diversas ocupaciones; “ellos dan ejemplo de cómo deberíamos funcionar normalmente en la sociedad”. De esta manera, la ciudadana colomboespañola Martha Lucía Orozco, profesora de la Universidad de Burgos, en España, describe la cotidianidad del espacio territorial de capacitación y reincorporación Agua Bonita donde, junto con su compañera española Dolores Fernández, vivieron 18 días de experiencias que las animan a creer en la paz de Colombia.

“La idea era vivir en el propio Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación, ETCR, y de un modo profundo, lo que se está desarrollando en Colombia”, dijo Dolores, quien percibe como un caso único esa metamorfosis hacia la pacificación entre colombianos. Ya había estado en el país,  trabajó con desplazados y eso le ayudó a establecer un vínculo emocional.

Pero las dos, Martha y Dolores, ambas con títulos de doctorado, tienen propósitos de mayor calado; lo suyo es la academia, la investigación, generar conocimiento con otras personas, con otras organizaciones, siempre orientadas a favorecer colectivos vulnerables. Es así como firmarán un convenio marco con la Universidad de la Amazonia cuyos frutos se verán en el mediano plazo, cuando se logren intercambios para que profesores y estudiantes de la Universidad de Burgos y la UDLA aprendan de cada lado o aporten sus saberes y capacidades en proyectos compartidos

“Desde hace años trabajamos con muchos países, hemos estado en Camboya, India, África, República del Congo, Senegal, Malí, países que están en conflicto, y luego en América del Centro y del Sur”, narró Dolores al destacar la misión que cumplen a través de la oficina de cooperación de su universidad, vinculada al vicerrectorado de relaciones internacionales. “Tenemos desde ciencias de la salud, todas las politécnicas, tecnología de los alimentos, comunicación audiovisual, educación, derecho, ciencias exactas… también muchas maestrías y dirección de numerosos doctorados”, manifestó en una rápida relación de disciplinas, además de los proyectos que adelantan con universidades de Europa, Australia y Japón, para no hacer más extenso el listado.


La interculturalidad como bandera

Sus temas de interés están vinculados con la interculturalidad, resolución de conflictos, distintas formas de interacción de los seres humanos. En esa búsqueda coincidieron en la Universidad Pedagógica Nacional con el profesor Octavio Villa, de la Uniamazonia, quien de inmediato las invitó al Caquetá. Y de nuevo la manigua hizo lo suyo, las atrapó, como lo hicieron los excombatientes de Agua Bonita, quienes las cautivaron con sus historias mientras corrían largas jornadas de labores en el campo, en la cocina comunal, en cada lugar que se prestaba para intercambiar ideas durante el día o la noche.

Nada más reconfortante que escuchar al que quiere ser escuchado, sin las prevenciones de otros tiempos. “La experiencia ha sido fascinante, hemos conocido gente increíble, entrañable, con una bondad muy grande; nos han sorprendido muchísimo sus historias de vida, la razón por la que ellos entraron en la guerrilla, muchas veces siendo niños, cómo se les formó en temas de justicia social, solidaridad”, relató Dolores, fascinada por ese salto hacia la reconciliación nacional, que a ellas les permitió ahondar sobre la importancia del biocentrismo, ese respeto moral que todo ser vivo merece. “Una guerra es algo enormemente complejo, no es fácil ver lo que hay detrás”.

Martha Lucía nació en Santuario, Risaralda, pero creció y estudió en Barranquilla hasta que decidió continuar su vida en España, donde un buen día decidió dejar de contemplar desde la barrera el acontecer de su patria, para aportar tanto como pueda, y nada mejor que haciendo lo que más sabe y lo que más le gusta.

Emocionada comentó cómo se internaron en Agua Bonita desde el viernes 5 de octubre, apartándose así de la aburrida vida citadina, para conocer, con nombres y apellidos e incluso con apodos, a un grupo de gente con la mayor disposición para atenderlas; “te hospedan en sus casas para que veas cómo viven, bueno, en sus casas es un decir, en los espacios que les han construido… Ahí te das cuenta que hemos vivido a través de las noticias muchas cosas que realmente no son y que además son seres humanos que desean que las cosas cambien”.

Por cuenta de esa desinformación llegó con ideas preconcebidas; pero el contacto directo cambió cualquier idea equivocada; “nos hemos dado cuenta de las ganas que tienen de que el país cambie, de que haya paz, de no volver a las armas, de ese cambio de su vida. Trabajan mucho y se necesita apoyo para que este proceso siga adelante”.

Con botas de caucho recorrió con ellos, acompañada de Dolores, los pantanosos senderos – no como habría sido en otros tiempos, internándose en la selva y corriendo toda suerte de riesgos – para echar un vistazo a los cultivos; lo que más las atrajo fue la piña cuyo dulce sabor les parece inigualable. “Hemos estado 18 días que  se nos han hecho cortos, porque cada día conoces a un personaje… nos contaban cualquier cantidad de experiencias, de cómo se sentían, de la esperanza que tienen de esa vida que están llevando ahora y que esperan poder seguir en ella, el encuentro con sus familias después de tantos años de no ver a ningún ser querido…”.

Con su narración comparó en cierto modo el antes, el durante y el después de la guerra, como en “Adiós a las armas”, la obra de Hemingway, en aquellas líneas donde indica que cuando los individuos se enfrentan con el mundo con tanto valor, el mundo sólo los puede doblegar matándolos. Y, naturalmente, los mata. El mundo quiebra a los individuos, y, en la mayoría, se les forma cal en el lugar de la fractura; pero a los que no quieren dejarse doblegar entonces, a estos, el mundo los mata. Mata indistintamente a los muy buenos y a los muy dulces, y a los muy valientes.

“Verse en la vida civil, ya no empuñando el arma, sino una herramienta para producir y para ayudar a la comunidad y para ellos mismos… están pensando en colectivo, no están pensando en personas”, concluye.